domingo 22 de noviembre de 2009

Inglorius Basterds, el cine según Tarantino


Antes de ser el director que es hoy, Quentin Tarantino (Tennesse, 1963) trabajó, siendo un jovenzuelo, en un videoclub, donde se hartó de ver películas, desde los grandes clásicos hasta el cine de acción más moderno, pasando por la serie B, la serie Z… Abarcando todos los géneros imaginables.


Todo ese bagaje, toda esa "cultura cinéfila" se aprecia claramente en todos y cada uno de los elementos que componen sus películas; en la música que acompaña (y a veces da sentido) a las escenas, en los planos que utiliza para obtener determinados efectos, en los temas recurrentes que mueven a sus personajes, etc. Por todo ello a nadie debería sorprender que el séptimo trabajo de Quentin Tarantino, “Inglorius Basterds” sea más que una cinta bélica, que es lo que cabría esperarse de una película protagonizada por un grupo de aliados que se enfrentan a los nazis.


Cartel de "Ingloroius Basterds" (2009)

Una película de personajes


Pero entonces, ¿A qué genero pertenece “Inglorius Basterds”?;


Para empezar, sí que podríamos considerarla una película bélica, por estar enmarcada en la Segunda Guerra Mundial, y por presentar el conflicto armado entre la Alemania de Hitler y el resto del Mundo.

A lo bélico habría que sumarle elementos reconocibles del western -género que tanto gusta a Tarantino-, algo muy palpable en el primero de los cinco capítulos que componen la película y que arranca con música del gran Ennio Morricone (“La muerte tenía un precio”, “Por un puñado de dólares”). Una música unida a unos planos que nos llevan en suma, a creer que vamos a presenciar un duelo crepuscular en el salvaje Oeste, siendo las esvásticas -caracterísitcas de la iconografía nazi-,.las que no devuelven a la realidad de la película.

Pero es que, a todo ello, hay que sumar también dos historias de venganza; la de los Bastardos liderados por el socarrón teniente Aldo Raine (Brad Pitt), y la de otro personaje que no voy a desvelar, pero que se da por sentado cuando vemos lo que le sucede.


De acuerdo, entonces tenemos elementos propios del cine bélico y del western, construídos a partir de dos historias, una personal y otra “grupal”, donde se clama vendetta, aliñadas con un toque de humor negro y una buena ración de violencia… Todo esto está bien pero aún no he respondido a la pregunta sobre cuál es el género en el que habría que enmarcar a la peliula. Hay un pequeño probelma.


El "problema" a la hora de catalogar esta película es el mismo que tuvieron en su día “Pulp Fiction” o los dos volúmenes de “Kill Bill”; De forma premeditada, Tarantino no termina por definir sus películas en un género concreto, porque siempre se apoya en varios, pero sin decantarse claramente por uno solo. Pero eso no significa que no podamos clasificarla; Se puede, pero hay que hacerlo de un modo diferente. Y es que, a pesar de todo, sí que hay un elemento estrella que destaca por encima del resto y que nos sirve paar poder responder de una vez a la dichosa pregunta planteada al principio. Y este elemento no es otro que el de los personajes. De esta forma, podemos decir que, de ser algo, "Inglorius Basterds" es una película de perosnajes.


Hace ya tiempo que el director de “Reservoig Dogs” confesó que a la hora de afrontar un nuevo proyecto, lo hace siempre a partir de sus personajes. Son ellos los que le dicen hacia donde va a dirigirse la historia porque son ellos, con sus actos, los que la definen, y no al revés. Y este punto es fundamental para llegar a entender el cine de Tarantino, para poder comprender por qué sus personajes destilan tanto carisma, por qué hablan tanto y por qué, en ocasiones, la historia queda relegada a un segundo plano o se muestra algo inconsistente, falta de continuidad y de conjunto.


Y esto es precisamente lo que ofrece “Inglorius…”, una historia algo irregular a la que parece faltarle algo de cohesión, pero que puede presumir de contar con unos personajes de gran calado, cada uno con sus rasgos bien definidos y que cobran vida en la pantalla, olvidándonos por momentos, de su naturaleza ficticia. Mención especial para el villano del la función, el gran Hans Landa (magníficamente interpretado por el hasta hora desconocido Christoph Waltz) que logra caernos bien pese a ser un cabrón despiadado como pocos.


Érase una vez… en la Francia ocupada por los nazis…


Como si de un cuento se tratara, comienza la historia en 1941, momento de clara ofensiva nazi. El primer capítulo, el mejor junto con el cuarto, sirve para presentarnos al ya mencionado Hans Landa, conocido en toda Francia como el “Cazador de judios”. El apodo, del que él mismo se vanagloria, hace justicia a un hombre increíblemente inteligente y astuto, al que es casi imposible engañar, y que se muestra implacable en su misión por acabar con toda una etnia a la que considera ratas. A lo largo de film le vemos hablar en distintos idiomas; alemán, inglés, francés, italiano... Contralando en todo momento la situación y al resto de personajes (y actores). Hans Landa es la piedra angular sobre la que esta construida la historia, siendo, con diferencia, el mejor personaje, y el que más sorpresas nos tiene guardadas, por su particular forma de actuar y de ver las cosas…


Hans Landa, villano con enorme carisma


El segundo capítulo introduce a los Bastardos, un grupo de judios americanos ávidos de venganza. Justifican sus actos en una premisa; los nazis han demostrado no ser personas y, por tanto, no merecen ningún tipo de trato humano. Así se nos presenta a un grupo de pirados mal nacidos que se embarcan voluntariamente en una misión suicida. A parte de Aldo Raine, caben mencionar al sargento Donny "El oso judio" Donowitz (interpretado por Eli Roth, director de las sangrientas “Hostel” y amigo de Tarantino) armado con su brutal bate de baseball y, el sargento Hugo Stiglitz (Til Schweiger), violentísimo soldado alemán insurrecto que se ha apuntado a la "fiesta" de los Bastardos. Son estos dos personajes la mejor muestra de lo salvajes que pueden llegar a ser este grupo, tanto como los propios nazis; fuego al fuego.


Los Bastardos, una pesadilla para los nazis en Francia


Llegamos al tercer capítulo, dedicado como el primero a un único personaje que, al igual que los Bastardos, prepara su venganza contra los alemanes. Es el menos interesante de los cinco por ser el más pausado y en el que menos cosas ocurren… Pero no deja de ser la calma que precede a la tempestad y es necesario para poder entender el desenlace de la historia.


La Taberna, juegos de cine


Pero si hay una secuencia que defina a “Inglorius…” esa es la de la taberna.

Bajo el nombre de “Operación Kino” el cuarto capítulo contiene una de las escenas más tensas y vibrantes que he visto en mucho tiempo, superior incluso a la del primer capítulo.

En ella, Tarantino dilata el tiempo hasta el paroxismo, jugando con sus personajes y estos, a su vez, con el espectador, con una tensión que va increscendo, dejándote extenuado. Y lo logra, no con acción y multitud de planos como hacen otros directores, sino con unos personajes que no paran de hablar. Además, son unos diálogos banales, intrascendentes pero, al mismo tiempo, claves en desarrollo de los acontecimientos.


Habrá quienes no soporten este rasgo tan característico del director, y les moleste que, para llegar al desenlace que tiene la escena, haya habido de por medio tanta verborrea… Es lo que tiene Tarantino, si comulgas con los interminables diálogos que vociferan sus parlanchines personajes disfrutaras, de lo contrario, lo mejor que puedes hacer es pasar de este director porque eso es lo que hay. Tarantino no engaña a nadie.


El juego de los personajes en la taberna, memorable

La traca final


Y llegamos al clímax de la historia, con la situación bien definida, con una tensión que se mantiene desde el capitulo anterior pero con más ritmo, más acción y muchas, muchísimas muertes, algunas sorprendentes, y que suponen un giro en los acontecimientos y un cambio en la Historia que sabemos que no pasó.


Y es este último giro el que vuelve a reivindicar a Tarantino como un director único, que se toma todo a risa y, al mismo tiempo, todo en serio. La película podría haberse ambientado en cualquier otra época, con otros personajes y con un desenlace diferente, pero las sensaciones seguirían siendo las mismas (o casi). Porque esto es Tarantino; sangre, violencia, humor negro, venganza, western, serie B… Y personajes, sobre todo personajes, a los que querer, y conversaciones con las que disfrutar y giros inesperados que no dejan de sorprendernos.


No, no es una obra maestra ni la mejor película de Tarantino, como nos hace querer ver, en el último plano y con una frase cargada de sorna, Aldo Rain, pero sí es un entretenimiento cojonudo, con algunos momentos inmensos, de puro cine. Esto es Tarantino, un tipo enamorado del cine hasta las cachas y que siempre tiene algo interesante que contar.

miércoles 18 de noviembre de 2009

"500 Dias juntos", el ciclo del amor (y la vida)


En un género tan falto de originalidad como el de la comedia romántica, es siempre de agradecer que surjan propuestas como la de “500 días juntos” (“500 days of summer”) un film que, sin apartarse demasiado de los convencionalismos del género, sí que propone situaciones no tan tópicas ni personajes tan estereotipados. Por ello, lo más correcto sería decir que “500...” innova en la forma de contar las cosas, que no en el fondo.


Los (divertidos) créditos iniciales arrancan con la voz en off de un narrador que nos va acompañando a lo largo del film -dejando reflexiones o dando pie a la próxima secuencia-. y nos sirve para conocer a los dos protagonistas; Tom Hamsen (Joseph Gordon-Levitt) y Summer Finn.(Zooey Deschanel).


Es esta voz la que nos cuenta que Tom es un romántico empedernido, gracias a la influencia del pop británico (esto me llegó) y una mala interpretación de “El Graduado” (hay varias referencias a maestros del cine como Bergman). De Summer nos dice que, al contrario que Tom, no cree en el amor verdadero (desencantada quizás por la ruptura de sus padres cuando era niña) y también que es bastante impulsiva; actúa conforme se siente en cada momento y, por extraño que parezca, cuando está cómoda con algo (o alguien), acaba deshaciéndose de él (lo mismo su larga melena que su actual pareja).


Con ello, se nos está dejando claro desde el principio, que no vamos a ver la típica historia donde, después de numerosos contratiempos, triunfa el amor, más bien al contrario. Lo que se nos cuenta es una historia de desamor, de desengaño y que supone dar un paso decisivo a la adultez , con la madurez que ello exige y que no siempre se tiene.

Son dos personas que se encuentran en un momento de su vida, comparten vivencias, más alegres al comienzo y después, conforme la relación se va deteriorando, los desencuentros son más habituales, hasta que se pone fin.



(El cartel para el cine muestra Joseph Gordon-Levit con una camiseta compuesta por imágenes del film que remarcan la idea de que al final de una relación, lo que conservamos son los recuerdos, buenos y malos, como instantáneas que quedan grabadas en la retina).











Para los que estéis leyendo estas líneas y aún no hayáis visto la película; podéis estar tranquilos. Las cosas quedan claras en los primeros minutos y esto es así porque “500 días juntos” rompe con la forma tradicional de contar las cosas, presentando una narración no lineal. En este sentido recuerda, salvando las diferencias, a la genial "Olvidate de mí" (2004) .


De esta forma, podemos ver en una escena cómo la pareja va a un IKEA donde juegan con la idea de estar viviendo en su propia casa, con Tom haciendo una broma sobre que los grifos (que están allí expuestos) “no funcionan”, arrancándole una sonrisa a Summer. Más adelante vemos lo que parece la misma situación; los dos vuelven a estar en la cadena de tiendas sueca, Tom haciendo de nuevo el comentario gracioso de los grifos... Pero habiendo transcurrido varios meses y con el consiguiente agotamiento de la relación, con lo que la broma ha dejado de ser graciosa, recibiendo una fría indiferencia por parte de Summer.


Este es el verdadero acierto de la película, ver como a través de esa forma atípica de contarnos la relación, se va desconstruyendo la misma. Es como tener una radiografía de la relación de la pareja, con la que poder hacer un análisis y entender por qué terminó.


EL PORQUÉ DE LAS COSAS


Dada la forma de ser de ambos personajes, es fácil sentir simpatía por Tom. Es un tipo corriente con el expreso deseo de encontrar a la mujer de su vida con la que pasar el resto de sus días juntos. Pero Summer no es así. Es una persona con un mundo interior propio, que piensa y actúa diferente (me niego a tildarla de rara o ver esto como algo negativo). Además, puede parecer (y tal vez lo sea) egoista en su forma de ser y de entender la relación y, por ello, la persona a quien culpar de la desdicha que acompaña a Tom tras la ruptura.


Pero lo cierto es que Tom conoce, desde antes de empezar a salir con Summer, la opinión que esta tiene acerca del amor (para ella es algo así como Papa Noel, una fantasia que solo puedes creer si tienes la mentalidad de un niño). Tampoco ayuda la idealización que él hace de la chica -a la que considera casi perfecta-, ni que sea ella la que inicie y tiempo después, ponga fin a la relación (porque siente que las cosas han cambiado y ya no tiene sentido seguir así). Entonces ¿A qué viene tanto problema?


Summer explicando a Tom por qué no cree en el amor verdero


El problema viene cuando, después de poner fin a la relación, Summer parece cambiar su opinión respecto al amor. Entonces Tom se hace la inevitable pregunta; ¿Hice algo mal?, no pudiendo evitar sentirse culpable, cuando en realidad todo tiene que ver con la idea de que las personas quemamos etapas y con ellas vamos reconsiderando nuestras opiniones sobre casi todo. No creo en los que dicen que no podemos cambiar, que siempre somos los mimos. Las personas estamos en constante transformación y hoy se puede pensar de un modo y máñana de otro (por mucho que nos jactemos de tener las ideas claras).


Es lo que les sucede a Summer y a Tom cuando se vuelven a encontrar. Ha pasado tiempo (aunque siempre dentro de esos 500 días) y él es ahora el incrédulo (o descreído) porque no entiende qué ha fallado y quizás sí sea verdad que no existe el amor. En cambio ella, parece haber conocido a alguien especial, alguien que le produce sentimientos nuevos y desconocidos hasta entonces y con ello ha entendido que estaba equivocada, que él tenía razón; sí existe el amor. Tom se queda perpplejo, no entiende cómo ella ha podido cambiar de parecer con el tiempo. Pero esto lo piensa por despecho, porque se siente triste, porque aún no ha levantado cabeza.


Finaliza la película y (me) surgen entonces las preguntas de rigor sobre las relaciones de pareja: ¿Actuamos a veces de forma egoísta?, ¿No somos a veces algo o bastante inmaduros?, ¿Esperamos en ocasiones demasiado de las relaciones? ¿Cuál es el modo correcto de actuar? ¿Existe el termino medio para los dos?, etc.


En mi humilde y poco experimentada opinión, creo que las dos primeras preguntas se responden con un rotundo si. También creo que cuando las cosas marchan bien -sobre todo al principio-, creamos unas espectativas, a veces demasiado altas, sobre nuestro situación de pareja (lo cual es bastante comprensible, estamos muy ilusianados). En cuanto la forma de actuar, es evidente que no existe un modo válido para todos (de ser así, las cosas serían más fáciles pero también mucho más aburridas, por lo que no compensaría); Y en cuanto a la última pregunta; No, no creo que exista un punto medio, entendido como tal, pero sí que puede haber una especie de consenso, acuerdo o como queráis llamarlo entre los dos (a través del útil, pero a veces olvidado, diálogo) para saber que se quiere y espera del otro y de uno mismo, y así saber a qué atenerse.


¿Y frente al sentimiento de tristeza de la relación que acaba?; Pues están los amigos, la familia, el trabajo, retomar aquello que se tenía pendiente desde hacía tiempo (es el mejor momento para hacerlo)... Y pensar que, un buen día, la tristeza hará las maletas y se irá a otra parte. Entonces aparecerá otra persona con la que dará comienzo un nuevo capítulo de mi película favorita: "Mi vida", con un buen puñado de escenas alegres, y otras tantas, tristes y desilusionantes.


Pues esto es todo. Me despido recomendando la película a los que aún no la hayáis visto, por las razones comentadas a lo largo del post; Al menos a mi -como habéis podido comprobar- me ha hecho reflexionar. Es original en su forma de contar la historia y tiene alguna secuencia divertida y de calidad (los ya citados créditos iniciales, la del musical, la secuencia de expectativas/realidad, la del IKEA, etc.). No es una gran película, pero sí es algo interesante que merece la pena ver.


miércoles 11 de noviembre de 2009

Las mejores películas del 2008 (1) - 5ª (y última) Parte


Cartel de "The Dark Knight"(2008)

Y llegamos al final del especial sobre Batman, mi personaje de cómic preferido. Lo cierto es que me he divertido mucho haciendo este repaso, aunque me gustaría aclarar una cosa; tal vez echéis de menos más datos y detalles curiosos sobre los rodajes y demás. Bien, en ningún caso quería convertir esto en algo divulgativo, más bien se trata de mi visión sobre el personaje a través de sus escarceos en el cine.


Lo creáis o no, han sido unas cuantas horas delante del ordenador, a veces hasta las tantas, tecleando, escribiendo en el Word, borrando textos enteros que no tenían ningún sentido, revisando escenas y diálogos de las películas (sobre todo de las Nolan porque son las más recientes, las que más lo merecen y la razón de ser de este especial), etc.


Imagino que al igual que sucede con las películas de esta saga, mis ideas y reflexiones habrán tenido sus altibajos y, sobre esto me gustaría plasmar (antes de "entrar en faena") una idea que me surgió durante el proceso de estos post:


Mirando atrás, lo veo todo como una bonita metáfora; la andadura cinematográfica de Batman es como la del propio personaje; siempre avanzando. A veces las caídas son muy duras pero él nunca desiste, siempre encuentra un resquicio al que agarrarse, un sitio en el que poder esconderse, parar un instante, tomar aliento y continuar, dando lo mejor de sí mismo; tan humano como héroe.



El Caballero Oscuro


¿Quién es el que se hace llamar Jocker?


Un grupo de seis hombres enmascarados con rostros de payaso irrumpe en un banco. Cada miembro del grupo hace la parte que le corresponde, aquello en lo que es bueno. Cada uno ha recibido órdenes de acabar con el anterior a él. Van muriendo sucesivamente hasta que al final tan solo queda uno, el más inteligente, el más retorcido, el que se quita la máscara de payaso para enseñar su verdadero rostro... de payaso... es desconcertante, aterrador.


La primera escena de “El Caballero Oscuro” es lo suficientemente contundente como para meterse al espectador en el bolsillo. También sirve como “tímida” presentación del Jocker, el alma de esta película, el mejor villano que ha dado el cine en lo últimos años y la pena de saber que no vamos a poder disfrutar nunca más (aparte de su póstuma “El imaginario del Doctor Parnasus”) del gran actor que es Heath Ledger.


Cuando se dio la noticia de quién iba a ser el nuevo Jocker sentí curiosidad por ver que podía aportar un actor que me había convencido de su talento en “Brokeback Mountain” (y al que siempre recordaré por la tonta pero simpática “Diez razones para odiarte”, sobre todo por la secuencia en la que le cantaba a la chica que le gustaba, en las gradas del campo de fútbol, haciendo el tonto pero quedando como una campeón, ¡que crack!).


Se había comentado que para crear al Jocker se iba a hacer algo distinto a lo que había hecho Nicholson, dejando atrás el lado más “cómico” para perfilar un personaje mucho más siniestro, más oscuro, más perverso.

Pese a que las expectativas eran altas, nunca hubiese imaginado un personaje tan rotundo, capaz de robarles las escenas al resto de excelentes actores. Con su presencia llena la pantalla, devorando a los demás, atemorizando a todos, incluso al sindicato de mafiosos, tipos duros y fríos donde los haya. Pero, ¿qué es lo que le hace tan temible?


Heath Ledger deja de ser Heath Ledger para convertirse en el Jocker

El miedo


El miedo es el más común de los sentimientos humanos, es tan perjudicial como necesario. Es necesario porque nos mantiene alerta de los peligros y también nos recuerda lo vulnerables que en realidad somos. Pero también es nocivo porque nos paraliza, nos impide pensar con claridad, anula nuestra voluntad y, por tanto, a nosotros mismos como personas, sacando al exterior nuestra peor cara. Es este miedo del que se vale el Jocker, del que se alimenta y, a pesar de ello, del que nada tiene.


El gran villano de la función se nos presenta como un librepensador que actúa como un terrorista, dispuesto a dinamitar los endebles cimientos en los que se sustenta nuestra sociedad. Así, poniéndola al límite, demuestra lo miserables que podemos llegar a ser las personas, por mucho que no queramos admitirlo, en un ejercicio de autoengaño.


Al igual que Batman, pretende cambiar la sociedad, pero no dirigiéndose contra un sector concreto (el mundo criminal) como hace el primero, no. Lo que el Jocker pretende es un cambio radical, y pretende hacerlo volandolo todo por los aires, destruyendo nuestras falsas creencias, aquellas que nos hacen dormir plácidamente cada día si las poseemos o, que nos quitan el sueño si nos vemos privados de ellas (la idea de que un buen trabajo, que nos reporte la suficiente riqueza como para poder adquirir bienes materiales, nos da libertad e independencia). Para el Jocker estas creencias son tan etéreas como el papel de los billetes, tan fáciles de quemar o destruir con un buen bidón de gasolina.


Él no tiene miedo a nada porque no tiene nada que perder; considera su existencia efímera por lo que tampoco le importa morir. Es un agitador social, violento y amoral que desprecia el mundo que le ha tocado vivir, su falsa seriedad. Por eso siente que debe ponerle una “sonrisa” tan grotesca y dolorosa como la de su propia cara. Pero es que además, no tiene nombre (no lo necesita) y eso le hace todavía más temible, porque no se le puede poner nombre al terror.


Experimento social


Llegados a este punto, no es de extrañar que el Jocker se dedique a poner a prueba, constantemente, a la ciudad de Gothan, a sus valores y moralidad. Pero su fiereza y poder de destrucción es tal que no solo lo hace de forma colectiva, explotando una bomba en un hospital o con la famosa y discutida escena de los ferris, sino que lo individualiza; en el policía al que provoca en la sala de interrogatorios, en los capos de la mafia (supuestamente el mayor mal que atesora la ciudad) a los que despluma, en los imitadores de Batman a los que baja los humos y devuelve a la cruda realidad, también provocando al policía del coche que custodia al (miserable) delator de Batman… en Harvey Dent/Dos caras, en Rachel Dawes, en Bruce Wayne... y también en Batman.


Sobre la escena de los ferris, daría para todo un post pero me limitaré a expresar mbrevemente mi opinión. El experimento le sale mal al Jocker, según Batman, porque finalmente, ninguno de los dos ferris explota. Pero esto es parcialmente cierto.

Es verdad que ninguno de los dos grupos se atreve a hacerlo, pero no por un sentido de la moral como cacarea Batman, sino por pura cobardía. Nadie quiere tener que cargar con la penitencia de haber pulsado el botón (cosa que yo tampoco haría, me acobardaría igual y “rezaría” para que alguien lo hiciese por mí). De hecho, oímos frases del ferri de civiles del tipo: mejor ellos que nosotros, que son criminales y no merecen una segunda oportunidad… terrible pero cierto, lo que pensamos todos evidenciado en un momento de máxima tensión.


Por eso, no creo que fracase el Jocker en su intento por demostrar lo poco que podemos llegar a merecer la pena como especie. Otra cosa bien distinta es la decisión que toma el preso, el tipo grandullón, que ve que la tensión va en aumento y decide actuar en lo que es un acto de una nobleza y humanidad al que solo se puede acercar el propio Caballero de Gothan. Pero una vez más me pregunto, ¿es creíble que un tipo que ha podido matar (con todo lo que ello conlleva) pueda demostrar ese sacrificio? Si pensamos que no, entonces el guión falla en esas líneas… o quizás no lo haga y el hecho de que no le concedamos ese gesto al preso reafirme la idea del Jocker, somos mezquinos y encima tenemos prejuicios.


Héroes caídos

La historia nos sitúa en un momento en el que la sordidez de Gothan City está siendo sometida por dos caballeros (tres si contamos al inspector Gordon, mejor interpretado que nuca por Gary Oldman); El Caballero Oscuro (por su puesto, Cristian Bale), que no necesita presentación, y el Caballero Blanco, apodo con el que se conoce en la ciudad a Harvey Dent (excelente Aaron Eckhart), fiscal jefe de Gothan y el nuevo azote de los criminales mafiosos.


Dent es un hombre íntegro que tiene como meta imponer la justicia y la verdad sobre su ciudad. Sus logros le están poniendo cada vez más en el punto de mira del sindicato de mafiosos y encima, tiene que lidiar con las filtraciones que se producen desde su ofinica y el cuerpo de policia. No lo tiene nada fácil, pero es tenaz y perseverante. Por eso llama la atención de Wayne, que lo pone a prueba en la escena de la charla en el restaurante, donde claramente lo tantea, para comprobar de qué pasta está hecho y saber si puede o no confiar en él.


Curiosidades de la vida, Dent está saliendo con Rachel Dawes (interpretada en esta ocasión por Maggie Gyllenhaal), la ex-chica de Wayne, cosa que parece no molestarle a este último, es más, le sirve como referencia sobre la clase de persona que puede ser el fiscal más mediático y con carisma de la ciudad. Con todo, el triángulo amoroso será inevitable, con un final trágico para los tres.


Pero volvamos a los caballeros, al blanco y al oscuro, las dos caras de la misma moneda, la del propio Harvey Dent.

Los dos van a ser puestos a prueba y tan solo uno de ellos va a superar, en parte, los macabros juegos del Jocker.

En el pulso que mantiene con el crimen, Dent acaba perdiendo a la mujer que ama, con su rostro desfigurado, mostrando su nueva cara, la de un hombre que se ha sacrificado por un bien mayor y lo ha perdido todo, quedándole como único consuelo la venganza que la aplica en forma de irónica justicia, lanzando una moneda la aire, quedando todo la azar.


Harvey Dent sucumbe al odio y se convierte en Dos Caras

Batman tampoco sale mucho mejor parado ya que en un momento dado, antepone sus sentimientos personales a los principios que siempre ha defendido y que le han servido de luz guía en la oscuridad de la noche. Por eso precisamente pierde a Rachel, porque deja de ser fiel así mismo. Además, por momentos, llega a posicionarse por encima de la ley (hasta ahora había estado al margen de la misma), considerando que el bien justifica los medios (el propio Lucius Fox se lo recrimina por el asunto de la triangulación de móviles que le permiten poder espiar y localizar a todas las personas de la ciudad).
Y no es hasta el final, cuando Batman recupera su admirable e inalcanzable altura moral. Cuando, después de haber perdido a Rachel, decide seguir siendo el Guardián de Gothan, perdonando la vida al Jocker y poniéndose como cabeza de turco para salvaguardar la imagen de Harvey Dent.



Sacrificios


Y esto me lleva a hablar de la parte en la que todos pierden algo. En los tiempos que corren, ser un héroe, da igual que sea público como Dent y Gordon o con identidad oculta como Batman, supone hacer sacrificios… algunos tan grandes que ponen en duda los logros que se obtienen a partir de ellos; ¿Realmente merece la pena sacrificar tanto por algo que nunca parece llegar?

Bruce Wayne ha tenido que renunciar a la mujer que quiere porque su otra identidad le impide llevar una vida normal (además de ponerla claramente en peligro). Añora poder llevar una vida normal, es por eso que ve con tan buenos ojos el ascenso de Harvey Dent, como un sustituto público y natural de Batman que le permita poder retirarse.


Pero Dent es humano y a pesar de todo, acaba sucumbiendo al juego del Jocker. Una mezcla de dolor y pérdida le transforman en algo que no puede servir ya a Gothan. Es en este punto donde se lleva a cabo el mayor de los sacrificios, y el que devuelve a Batman a la cima de lo ético y lo moral; Gothan necesita un héroe como Dent, aunque solo sea su recuerdo, porque es una ciudad con una voluntad demasiado débil a la que un fuerte contratiempo la puede hacer venirse abajo. Por eso Batman decide cargar con la responsabilidad de todos lo errores de Dos Caras.


Pero no son ellos dos los únicos que se sacrifican. También merece ser recordado el comisario Gordon, al que poco le falta para perder a su mujer e hijos. Por eso me refería antes a él como el tercer caballero, porque su compromiso con la justicia es igual de profundo y de arriesgado que el de los otros dos.


Esperanza


Después de la fuerte sacudida a nuestras conciencias que supone el Jocker, debemos aferrarnos a algo, a un símbolo, a algo superior a nosotros. Y es aquí donde se levanta la maltrecha figura del Caballero Oscuro que comprende entonces las palabras de Harvey Dent en la cena en el restaurante: “O mueres como un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en un villano”.

Batman sabe que la gente necesita un héroe, aunque para ello deba quedar como un villano ante los ojos de todos porque, como bien dice Gordon (sus últimas frases son para enmarcar) : "El es el héroe que Gothan se merece, pero no el que necesita ahora".


Despedida


Así de grande es el Batman que orquesta Nolan; el que interpretan Cristian Bale, Heath Ledger, Gary Oldman, Aaron Eckhart, Michael Caine… y el resto del elenco de actores que aportan veracidad a una historia que parece más propia del cine negro que del comic. Una historia creada con maestría, nuevamente, por Nolan y Goyer (para esta secuela, también se apunta Jonathan Nolan, hermano del director y con quien ya habían colaborado en la notabilísima “The Prestige”).


Una historia contada con mano firme, con elegancia… espectacular en todo momento, acompañada por la magnífica y estruendorosa banda sonora que componen conjuntamente Hans Zimmer y James Newton Howard, y que acrecienta el nervio y endiablado ritmo del film, desde su secuencia inicial con el atraco al banco hasta la emocionante huída de Batman, con las palabras de Gordon (y que me guardo para despedirme dentro de pocas líneas porque esto también se acaba).

La película se estrenó en el verano del 2008, recaudando más de 1000 millones de dólares (que se dice pronto), la mitad en los Estados Unidos, siendo la segunda más taquillera en la historia de aquel país (superada únicamente por la inalcanzable “Titanic”).

La película obtuvo ocho nominaciones, siete de ellas en apartados técnicos y una como mejor actor de reparto. A título personal piendo que fue niguneada ya que al menos debería haberse reconocido la labor de dirección y guión con un par de nominaciones más (por no hablar de la de mejor película). Por su puesto, de los dos oscar que ganó, hay qe destacar el merecidísimo reconocimineto a Heath Ledger, postumo y que fue recogido por sus padres y hermana. (Por si os lo preguntáis, el otro fue por sonido).

La taquilla y las excelentes críticas reflejan el sentir general de que estamos ante algo más que una buena película basada en un personaje de cómic.
“El Caballero Oscuro” es mucho más que una “pelí de superhéroes”, es una obra maestra con un poderío visual y narrativo inmensos. Es también una reflexión sobre las falsas apariencias en las que vivimos las sociedades occidentales, sordas en nuestra opulencia. Y por último, es un grito ahogado en mitad de la noche, causado por el miedo y la desesperación de creer que no hay salida… Pero es entonces, cuando todo parece estar pedido, cuando irrumpe con fuerza una figura de entre las sombras, para devolvernos la esperanza que un día perdimos Y eso solo lo puede hacer él...


“Por que no es un héroe, es un guardián silencioso, un protector de la noche, un Caballero Oscuro” - Comisario Gordon



FIN



lunes 9 de noviembre de 2009

Las mejores películas del 2008 (1) - 4ª Parte


2005-actualidad: La (hiperrealista y revitalizante) etapa de Christopher Nolan


Cuando vi por primera vez “Memento” (2000) no me paré demasiado en su director, a pesar de que la película me había sorprendido gratamente. Un planteamiento original, con un personaje con memoria de pez que daba pie a un rompecabezas donde cada paso que se daba era en falso, de tal manera que por cada pieza que se encajaba, otra quedaba fuera. Pocas veces he discutido tanto sobre la interpretación del final de una película, y eso es algo que merece atención (siempre claro está, que las cosas se hagan con cierto sentido y no se trate de la típica paja mental del director y/o guionista endiosados de turno.)


Un año desués Nolan siguió con “Insomnio”, un interesante careo entre Al Pacino y Robin Williams que, sin ofrecer nada nuevo, sí mostraba el buen hacer de un director sólido, con un estilo visual cuidado, buen manejo de la narración y que sabía sacar partido de sus actores.


Un nuevo y esperanzador comienzo


Pero si ha habido un antes y un después en la carrera de Christopher Nolan (Londres, 1970) ese fue el día en el que el director inglés aceptó dirigir “Batman Begins”, ocho años después de que Schumacher dejase herida de muerte la saga con su bochornosa cuarta entrega.

Se entienden los años de espera, se necesitaba tiempo para que los espectadores olvidasen, hasta donde eso fuese posible, la imagen que tenían del hombre murciélago tras la lamentable “Batman y Robin”.


Pese a los precedentes, esta vez sí, la elección fue todo un acierto; la difícil tarea de recuperar a un gran personaje para el cine recaía en manos de un director joven (entonces Nolan contaba con 32 años) pero muy capaz para narrar historias. Además, en esta ocasión sí se iba a contar con un buen guión a cargo del propio Nolan y David S. Goyer, un guionista y director poco dotado y que sin duda, ofreció un gran momento de lucidez con el libreto de “Batman Begins”.


La idea era devolver al personaje la carga psicológica de la que había hecho gala en sus mejores historias en cómic, con la personalidad oscura y solitaria que albergaba en su interior Batman, pero también con cierta ligereza, cierta frivolidad y algo de excentricismo, propios del joven millonario que es Bruce Wayne. La idea, por tanto, era componer un personaje que mostrase dos facetas bien diferenciadas, siendo la segunda una fachada con la que cubrir a la primera.


Cartel de "Batmn Begins" (2005)


Pero además, Batman debía ser un símbolo, algo superior a Bruce Wayne, un hombre sin miedos, con un sentido de la justicia y el honor inquebrantables, principios que, unidos a una gran tenacidad y una fortaleza física y mental extraordinarias, no supondrían freno alguno para un hombre que pretendía cambiar las cosas. ¿Difícil verdad?; pues pese a ello nos encontramos con el Batman más creíble y humano de todos, gracias a dos aspectos fundamentales; El primero tiene que ver con el tratamiento hiperrealista con que Nolan dota a la acción, a los personajes y a una Gothan City que ya no parece la Londres victoriana de Jack El Destripador que ofrecía Burton, ni las Vegas de neones y color de Schumacher. Es una ciudad real, moderna y cosmopolita que bien podría ser la actual Nueva York. Este rasgo característico de Nolan se verá enormemente potenciado con su secuela, algo que ya desarrollaré en el post dedicado en exclusiva a la mejor película del pasado año.


El segundo elemento que hace que tengamos al mejor y más creible Batman es el guión. El libreto escrito conjuntamente por Nolan y Goyer es sin duda la piedra angular sobre la que se cimenta el resurgir del héroe de Gothan.


La idea era llevar a acabo un renacimiento (los americanos lo llaman re-born) del personaje, contando no solo la ya consabida trágica muerte de los padres de Bruce Wayne sino yendo más allá, mostrando retazos de la niñez del personaje; la estrecha relación de éste con su padre, el porqué escoge al murciélago como símbolo reconocible, el paternalismo de Alfred (genial Michael Caine), su amistad con Rachel Dawes… y cómo todo ello queda partido en mil pedazos por una mala jugada del destino.


A la traumática niñez le sigue una juventud alocada, llena de resentimiento y odio. Los deseos de venganza nublan la razón del joven Bruce Wayne y por poco, sucumbe a ellos. Pero entonces todo cambia, se cruza en su vida un hombre con ideales, un mentor del que aprender a canalizar el odio y convertir la venganza en justicia. Es cuando Bruce Wayne entiende que el mundo necesita algo en lo que creer; si fallan los políticos y la policía, entonces, debe existir un símbolo, un héroe que se eleve sobre la turbia moral de una ciudad decadente y sin valores, es el momento de que aparezca de entre las sombras Batman, el justiciero nocturno.


Para llevar a buen puerto todas estas ideas, Nolan parte de dos historias del cómic; Batman: Año Uno del ya mencionado Frank Miller y “El largo Hallowen” de Jeph Loeb y Tim Sale. De la primera toma elementos que le sirven para componer al personaje principal y al inspector Gordon e incluso toma prestada alguna escena (como la de los murciélagos que acuden a ayudar a su “señor”). La segunda le sirve para encontrar su tono, próximo al cine noire, con una presencia de la mafia como el mal que hay que erradicar de una ciudad perdida en sus vicios.


Los personajes


Para interpretar a toda una galería de personajes Nolan se rodea de un reparto excepcional encabezado por un Cristian Bale que comprende y siente su personaje, su dolor, sus deseos de venganza primero, su ideal de justicia después. Y aquí radica uno de los grandes aciertos del film, su personaje principal crece, evoluciona… y Nolan lo cuenta con pulso firme y decisión, y Bale se lo cree y todo ello hace que lo creamos nosotros, que entendamos el dolor de un niño que lo ha perdido casi todo, la rabia de un joven desorientado y la sublimación de un adulto hacia un símbolo que le hace ser más fuerte en su lucha por un mundo mejor. Por todo ello, no me cabe niguna duda, Cristina Bale ha sido, con diferencia, el mejor Batman que ha dado el cine.


Batman, una sombra que vigila. siempre al acecho


La segunda "gran sorpresa" (es un decir dado su enorme talento) nos la da Michael Caine que está maravilloso; igualmente creible en su faceta como el mayordomo Alfred que tiene que hacerse cargo del cuidado de un niño huérfano, sobrepansando sus obligaciones, comportandose como lo haría un abuelo, tratando con la mayor dulzura y cariño posibles a su nieto.

Morgan Freeman (la cantidad de grandes actores que hay en esta película) interpreta a Lucius Fox, como hombre de confianza en la Empereza Wayne y proveedor extraoficial de todo lo que Batman pueda necesitar para combatir el crimen. El otro gran aliado es el inspector Gordon, muy bien llevado por Gary Oldman.


En el lado de los villanos tenemos a un convincente Liam Neeson como Ra's al Ghul, mentor de Wayne primero y enemigo de Batman después. El otro villano comiquero lo interpeta Cillian Murphy ("28 días después") como El Espantapájaros, un psiquiatra más perturbado que sus pacientes y que es un adelanto de la perversión que supondrá el Joker en “El Caballero Oscuro”. Tom Wilkinson ("Full Monty") es Carmine Falcone, el capo de la mafia que campa a sus anchas por una ciudad sin ley. Y por último, Katie Holmes ("Dawson Crece") como Rachel Dawes, la amiga de la infancia que puede llegar a ser algo más y quizás, el personaje menos interesante y peor interpretado del un gran reparto.


Prueba superada


La película se estrenó en 2005 recaudando unos 400 millones de dólares, todo un éxito (aunque no tan rentable si pensamos que su presupuesto fue de unos 150 millones). Pero tan importante como su trayectoria comercial, fue ver cómo el retorno de Batman había convencido a crítica y público, quedando atrás los malos recuerdos y con la ilusión de que algo grande podía llegar unos años más tarde…


Así pues, el difícil examen fue superado con nota, merced a un buen guión, un reparto magnífico y un presupuesto bastante holgado. Con todo ello, Nolan había logrado resucitar a un personaje que, en realidad, nunca había muerto.


Me gustaría terminar este post de la misma forma que lo hace "Batman Begins" que, en sus más de horas de metraje, acaba con una escena-puente en la que el inspector Gordon advierte a Batman sobre un nuevo villano que está "haciendo ruido", al que le gusta la puesta en escena y con una firma muy particular que siempre deja en las escenas del crimen ...





domingo 8 de noviembre de 2009

Las mejores películas del 2008 (1) - 3ª Parte


1995-1997: La (decadente) etapa Joel Schumacher


Pese al enorme éxito cosechado con las dos entregas de Tim Burton, parece que la Warner, la productora histórica de Batman, no había quedado satisfecha con el toque tan oscuro que Burton había dado al personaje por lo que la major decidió prescindir de los servicios del director de "La Novia Cadáber" y encargar la nueva película a Joel Schumacher, director impersonal donde los haya.

La idea era acercar al héroe enmascarado a un público más amplio, más familiar. Es por ello que se optó por un look más cercano a la serie de televisiva de los sesenta, dando mucha más luz y color a un universo que no lo necesitaba; No me parece tan mala idea que la saga, tras dos películas con un director con un estilo tan particular como el de Burton, cambiase "de aires" pero eso es una cosa y otra bien distinta es poner al mando de la nave a un director tan poco dotado y sin estilo propio como es el caso de Schumacher.

Analizando la situación no puedo evitar pensar que lo que quería la productora de la saga de “Harry Potter” era un director con menos personalidad que Burton, mucho más servil, alguien a quien poder hacer un encargo diciéndole exactamente como se quiere que lo haga, sin que haya ninguna objeción por su parte. Planteándolo así, parece que el director de "Jóvenes Ocultos" y "Lamada perdida" sí que podía ser una buena solución.

Pero si la elección de director fue mala, tampoco fue muy acertado el casting de actores. Como ha sido habitual en toda la saga, se contó con nombres famosos que ya habían demostrado su valía y/o tirón comercial delante de una cámara. Pese a ello, el resultado fue horrendo, lastrados de antemano por un mal guión y estando muy desacertados todos ellos, siendo incapaces de compensar, de alguna manera, unos personajes mal dibujados; unos héroes demasiado isulsos y faltos de carisma contrastaban con villanos pasados completamente de vuelta.

El reparto estaba encabezado por Val Kilmer (“El Santo”, “The Doors”) encarnando al peor Batman hasta al fecha (peor incluso que Adam West si tenemos en cuenta la diferencia de calidad actoral que separa a ambos). Los villanos eran un excesivamente histriónico Tommy Lee Jones (“El Fugitivo”, “Men in Black”) como Harvey Dent/ Dos Caras y Jim Carrey ("Mentirso Compulsivo", "C omo Dios") como Enigma, el cual parecía seguir actuando en “Ace Ventura”.

Para acompañar a Kilmer se contrató a Cris O’Donnel (“Esencia de mujer”, “Límite Vertical”) para que interpretase a un primerizo e inexperto Robin, y dando la razón a todos aquellos que pensamos que Batman es un lobo solitario que no necesita tener a nadie al lado para librar su cruzada personal contra los criminales de Gothan. La parte femenina corría a cargo de una inexpresiva y muy poco excitante Nicole Kidman (”Mouline Roige”, “Los Otros”) como la chica que sale con Bruce Wayne y que se siente igualmente atraída por la aureola de misterio que envuelve a Batman. Su presencia en pantalla palidece ante el recuerdo de la belleza y sensualidad de Kim Basnger y la mirada felina y el traje de cuero de Michelle Feiffer.

Con todo, la película estrenada en 1995 con el título de “Batman Forever” fue un nuevo éxito y la Warner, encantada con esta situación, volvería a contar con Schumacher para realizar la cuarta entrega.


Cartel de "Batman Forever" (1995)

Aunque la decisión de repetir director fue bastante desafortunada, al menos se tuvo a bien cambiar de rostro protagonista. Y el elegido no fue otro que el guaperas y carismático George Clonney, actor que había alcanzado enorme popularidad con la serie Urgencias (sobre todo en Estados Unidos). Con los años Clonney ha demostrado ser un buen actor (“Siriana”, por la que recibió un Oscar en 2005 o “Michael Clayton” son buenos ejemplos de ello) y un director interesantísimo (me encanta Buenas noches y Buena suerte”) pero entonces, a finales de los 90, Clonney se encontraba en la situacion de aceptar casi cualquier cosa que le ofreciesen y poder interpretar a Batman era una de esas oportunidades que se deben aprovechar.


Clonney se tenía que ver las caras con Arnold Schwarzenegger ("Terminator", "Depredador") como Mr. Freeze y Uma Thurman ("Kill Bill", "Estigmata") como Poison Ivy, los dos villanos de la función. En este sentido el guión resultaba tan malo o peor que el la anterior entrega, componiendo unos villanos que parecían sacados de una película de serie B. Resultaban cómicos en el mal sentido de la expresión (aún recuerdo con escalofríos los chascarrillos de Mr. Freeze sobre su estado físico y habilidades como villano que te dejaban más frío que sus pistolas congeladoras . En cuanto a , Poison Aivy... es verdad que Uma Thurman estaba sexy a rabiar pero , al igual que con Mr. Freeze (de Bain mejor ni hablar), el personaje estaba escrito de una forma que rallaba lo ridículo y la actriz de “Pulp Fiction” no hacía tampoco mucho por evitarlo.


Pero si los malos eran ridículos los “aliados” de Batman eran ya para echarse a llorar. Cris O’Donell repetía como Robin, resultando igual de insulso y de fingido que en la cinta anterior. Y apenas me quedan ya adjetivos para calificar la interpretación de Alicia Silverstone ("Buscando a Eva") como Batgirl, peor incluso que la de Cris O’Donell. Como chica Wayne/Batman estaba la Top-model australiana Elle McPherson que, visto lo visto, no lo hacía del todo mal.


Cartel de "Batman y Robin" (1997)


Al contrario que las anteriores, Batman y Robin” fue un fracaso comercial en el año de su estreno en cine (1997). La broma había rebasado lo tolerable, algo había cambiado, el espectador de cine veía a Batman únicamente como a un rico mujeriego rendido a sus caprichos, extravagante y superficial, justo la faceta que el Bruce Wayne del cómic había mostrado siempre para no levantar sospechas. El que fingía ser bufón se había convertido en el bufón de la corte; Batman había dejado de ser Batman para convertirse en una caricatura de sí mismo, para vergüenza de todos sus seguidores (Burton tenía que estar partiéndose de risa).


La carnavalesca puesta en escena, los rídiculos diálogos, los absurdos y cómicos personajes, los pezones en las armaduras... el Caballero de la Noche no merecía semejante maltrato, la saga necesitaba tomarse un descanso, un tiempo para reflexionar sobre el rumbo que había tomado la saga e intentar responder a uan serie de preguntas del todo pertinentes; ¿De veras era esa la mejor cara que podía ofrecer Batman?; ¿Era esa Gothan "alegre y festiva" de neones y purpurina la que servía al héroe para pasar desapercibido y actuar como una sombra sigilosa? ¿Necesitaba Batman una compañía tan inutil y lamentable? y la más imporatnte de todas: ¿Debía seguir Joel Schumacher al mando del timón de un barco que andaba a la deriva y estaba a punto de hundirse?... Me gustaría pensar que alguien con un poco de vergüenza y sentido común dijo ¡basta! ante tal desfachatez. Claro que, sabiendo que para Hollywood el cine es negocio y no arte, me inclino a pensar que en el motivo del cambio pudieron más los malos resultados comerciales que los artísitcos.


Sea como fuere, el caso es que la saga se tomó un largo y necesario descanso hasta que, en 2003, Christopher Nolan y David S. Goyer empezaron con el borrador de lo que sería dos años después "Batman Begins", la resurreción de un gran personaje llamado Batman.


sábado 7 de noviembre de 2009

Las mejores películas del 2008 (1) - 2ª Parte


De la viñeta a la gran pantalla


A pesar de su estilo cutre y de lo ingenua y ridícula que podía llegar a resultar la serie protagonizada por Adam West en los sesenta, lo cierto es que esta tuvo éxito, hasta tal punto que en 1966 se rodó la que sería la primera película basada en el personaje de la DC.

Con un presupuesto de poco más de un millón de dólares, se trataba en realidad de lo que iba haber sido el episodio piloto de la serie y que no había podido ser rodado por falta de presupuesto.


Se respetó el reparto original de la serie de tal manera que Adam West volvía interpretar a Batman mientras que Burd Ward hacía lo propio con Robin. No es de extrañar por tanto, que la película mantuviese intacto el inconfundible estilo visual y narrativo de la serie, siendo un episodio, pero con más metraje y medios.


El film no aporta nada, ni a la propia serie de la que procede y aún menos al personaje pero (por desgracia) se hizo y lo correcto es comentarlo.

Dicho lo cual, ahora sí, comienza el repaso a las películas de Batman. Son tres etapas bien diferenciadas; los comienzos con el toque ocuro y gótico de Tim Burton, la colorista y luminosa mediocridad de Joel Schumacher y, la más reciente, con la elegancia y el tratamiento hiperrealista de Christopher Nolan. Empecemos pues.


1989-1992 La (oscura) etapa de Tim Burton


En 1989 el mundo del cine decía adiós (así se pensó entonces) a uno de sus grandes héroes, el carismático Indiana Jones, el personaje creado por Lucas, dirigido por Spielberg e interpretado con enorme fuerza y carisma por Harrison Ford . El testigo lo iban a recoger un casi desconocido Michael Keaton, que encarnaba al héroe enmascarado, y Tim Burton, el cual sí se había labrado ya un nombre en la industria con películas como "Eduardo Manostijeras" o "Beetlejuice" (esta última protagonizada precisamente por Keaton). Como único pero gran villano estaba El Jocker, un criminal con deseos de cambiar Gothan pero de un modo radicalmente distinto al de Batman. Con su histrionismo habitual (que encajaba muy bien con el personaje) Jack Nicholson componía un personaje de enorme carisma, con un negrísimo sentido del humor, un punto macabro y con un disfraz de payaso que le daba cierto aspecto aterrador.


Cartel de "Batman" (1989)

La película, estrenada en 1989, fue un enorme exito con una recaudación mundial superior a los 400 millones de dólares (su presupuesto fue de unos ajustados 50). La secuela estaba cantada.

Tres años después del estreno de "Batman" llegaba a los cines su esperada continuación. Con el titulo de "Batman Returns", y contando de nuevo con Burton en la dirección y con Keaton dando rostro al héroe protagonista, el éxito parecía más que asegurado. Y así fue, aunque algo menor que con la primera entrega (menor, por tanto de lo esperado). Parece que a un sector del público no le gusto que Burton pusiese más capas de oscuridad en un universo que ya era bastante oscuro.

Los villanos eran Catwoman, interpretada por Michelle Feiffer en el que siempre será su papel más recordado, y Danny DeVito como el Pinguino, increiblemente trasnformado con maquillaje y partes protésicas en disitntas partes el cuerpo.
Aparte de ser más oscura, "Batman Returns" resulta más entretenida que la anterior, posee un mejor ritmo y el hehco de contar con dos villanos en evz de uno dota a las situaciones da más variedad y dinamismo que en la primera entrega.

Pese a ser dos películas muy interesantes lo cierto es que al volver a verlas, con veinte años trasncurridos, queda la sensación de que no han envejecido del todo bien (especialmente la primera entrega). Entre sus fallos me gustaría destacar al propio Michael Keaton, al que le faltaba expresividad y ser más físico en las escenas de acción. Además, por momentos, el ritmo decaía, quedando un resultado algo irregular en conjunto. Por otra parte, son innegables los aciertos que poseen; su logradísima ambientación, el toque freak de Burton, los carismáticos villanos, el genial tema de Danny Elfman... Todos estos aspectos, en suma, hacen que estemos ante dos películas estimables, con sus fallos pero también con sus virtudes y son estas últimas las que hacen que ambos films sean recordados y mayoritariamente reconocidos, que no es poco.

Cartel de "Batman Returns" (1992)

En 1992 Batman se había convertido en todo un icono dentro de la cultura popular, había llegado a la cima y comenzaba una nueva etapa, sin Burton ni Keaton y con el deseo, por parte de su productora, de seguir exprimiendo una saga que, en manos de un mal director, se volvería irreconocible años depués para el mismo público que la había disfrutado hasta entonces.

Las mejores películas del 2008 (1) - 1ª Parte


Tenía unos siete años cuando vi por primera vez "Batman" y ya entonces quedé fascinado con el personaje que interpretaba Michael Keaton. Fascinado por su enorme e inquietante presencia, por el juego que el personaje hacía con su doble identidad, Bruce Wayne/Batman, por el niño que había presenciado la trágica muerte de sus padres en manos de un vulgar ladrón y por el adulto en el que se había convertido, decidido a cambiar las cosas, a combatir la injusticia de un mundo sórdido, ahogado en su propia codicia. La figura de Batman suponía una luz de esperanza surgida de la oscuridad de la noche, sigilosa, acechante.


El nacimiento de un mito


Coincidiendo con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el género del cómic de superhéroes vió nacer a algunos de sus personajes más carismáticos, tal es el caso de Superman (creado por Joe Shuster y Jerry Siegel en 1938) o el propio Batman (creado por los estadounidenses Bob Kane y Bill Finger en 1939; el mismo año que daba comienzo la guerra, con la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi).


Frente a otro tipo de superhéroes, Batman no poseía ningún tipo de poder extraordinario. Pero cuando Bruce Wayne se enmascaraba, dejaba de ser un hombre corriente para convertirse en algo superior a sí mismo; un símbolo capaz de provocar el temor entre los delincuentes y, al mismo tiempo, un símbolo en el que pudieran creer los ciudadanos de Gothan City.

De esta forma, Batman se presentaba como un héroe muy capaz pero sin abandonar del todo su condición humana, lo que le hacía más cercano al lector de cómics ávido de un tipo de aventuras más adultas y "realistas". Su primera aparición fue en una historieta dentro de la revista "Detective Comics" (nº 27, mayo 1939).


Portada orginal del nº 27 de "Detective Comics" (1939)


La fórmula funcionó y el éxito en papel del hombre murciélago le llevó a tener su propia serie televisiva en los años sesenta (entre 1966-68, con 120 epìsodios y una película). La serie, que se caracterizaba por un estilo visual colorista, unos diálogos de lo más ingenuos (¡Caspita Batman, el batmóvil se quedo sin gasolina!) y unos personajes y situaciones tremnedamente ridículas, hoy en día hace sonreír (y sonrojar) simplemente con ser mencionada a todo aquel que la haya visto alguna vez.


La serie para TV de Batman (1966-1968)

Afortunadamente llegaron los setenta y con ellos algunos autores que fueron capaces de devolver el necesario y característico tono oscuro que casi siempre ha poseido el personaje. La recuperación definitiva llegaría en los ochenta de la mano de Frank Miller y sus “Batman: Año Uno” y sobre todo, “Batman: The Dark Knight Returns”, considerada por muchos como la mejor historia en cómic sobre el guardian de la noche.